Somos individuos mortales y nuestros cuerpos son imperfectos. A lo largo de la vida enfrentamos toda clase de retos a nuestra salud sea un resfriado, miopía, presión alta o alguna otra enfermedad más grave.
¿Qué nos dice la Biblia sobre la sanidad? ¿Está bien ir delante de Dios para presentarle nuestras enfermedades y pedirle que nos conceda salud?
En la Biblia encontramos versículos bíblicos que hablan sobre este tema. Veamos algunos de ellos.
1. La sanidad y la obediencia
Les dijo: «Yo soy el Señor su Dios. Yo soy el Señor, que les devuelve la salud».
(Éxodo 15:26)
Dios declara que daría salud a su pueblo, Dios les dice que les libraría de todas las enfermedades o plagas que habían visto en Egipto pero ellos, como pueblo de Dios, debían escuchar su voz, obrar en justicia y vivir en obediencia a sus mandatos.
2. La adoración a Dios trae bendición
Dios le recuerda a su pueblo que su adoración debía estar dirigida solo a él. Dios no comparte su trono con nada ni nadie, algo que debemos recordar. Al obedecerle en esto recibimos la bendición de tener todo lo que necesitamos para nuestro bienestar físico (pan y agua) y también la salud que necesitan nuestros cuerpos.
3. Dios escucha nuestro clamor
Pero en su dolor clamaron al Señor y él los liberó de su tristeza. Les envió a su palabra, los sanó y salvó sus vidas de la tumba.»
(Salmo 107:19-20)
Debemos clamar a Dios en medio de nuestras enfermedades y dolores; él nos escucha y está presto a obrar. En el Salmo 107:19-20 vemos que el pueblo de Israel recuerda un momento en el que se había sentido angustiado. Cuando clamaron a Dios, él les dio salvación y sanidad. Dios envió su palabra para sanarlos a través de alguien (¿un ángel?) y los rescató de la muerte pues la situación era grave. Pero no hay nada imposible para Dios cuando está en su corazón la decisión de sanar.
4. La obra de Jesús en la cruz
Pero a él lo han angustiado nuestras transgresiones, nuestros pecados lo han afligido”, Mientras que las naciones habían creído que el Siervo (Israel) estaba siendo sometido al justo castigo D-vino por sus pecados
(Isaías 53:5)
En estos versículos de Isaías, él profetiza sobre la muerte de Jesús en la cruz y cómo él llevó sobre sus hombros nuestras enfermedades físicas, emocionales y espirituales. No estamos solos en nuestros momentos de sufrimiento: Jesús está con nosotros. Él entiende lo que sentimos y sabe lo que necesitan nuestro espíritu, alma y cuerpo.
Jesús cargó con todas nuestras enfermedades y dolores en la cruz. Gracias a él tenemos paz con Dios y paz en medio de las circunstancias difíciles que enfrentamos. Por sus heridas recibimos sanidad espiritual, no moriremos eternamente y esa es la obra más grande de Cristo en la cruz. Dios quiere darnos también sanidad física y emocional aunque debemos entender que es él quien decide cómo y cuándo nos la da.